20.12.11

Deportes

A 40 AÑOS DEL PRIMER CAMPEONATO DE ROSARIO CENTRAL
El 22 de diciembre de 1971 Rosario Central derrotó a San Lorenzo de Almagro y se consagró campeón del fútbol argentino por primera vez en su historia. En un partido jugado en la cancha de Newell's Old Boys, los rosarinos se impusieron por 2 a 1 al equipo porteño y obtuvieron la quinta edición del Campeonato Nacional. Fue el primer título de un equipo rosarino y de un club que no era de la ciudad de Buenos Aires, del conurbano bonaerense o La Plata. Tramos de El despertar de la gran noche, nota de Osvaldo Ardizzone en la revista El Gráfico, nº 2725 del 28 de diciembre de 1971.






   “Ese minuto noventa. Ese silbato final. Y, bruscamente, la noche es como una represa que se estremece y se derrumba. Y el torrente, la avalancha. El desborde. Una única manera de sentir. Una única manera de gritar. Todos son uno. Uno son todos. Cada vez son más los que saltan al campo. Cada vez son más los que lo ocupan. Mil, dos mil, tres mil. Porque allí adentro están los de la hazaña. Allí, al alcance de la mano. El trofeo de la casaca. La recompensa del abrazo. Y ese hombre joven allá arriba, en la cima de esa montaña humana. El torso desnudo. La mueca de una sonrisa nerviosa. La vuelta triunfal. El aplauso de los cuatro costados. La admiración del gigante. Aldo Poy, el Maestro. Los bigotes. La melena. La coincidencia de todos. El veredicto de todos. El hombre de la noche. El mejor jugador de la gran noche. El talentoso prólogo para el empate del Chango Gramajo. El fino preludio para el triunfo del Pato Colman... Recién a las seis de la mañana concluía la gran noche... Con los primeros rayos del sol, el gigante ya extenuado, caía en el letargo...

   El otro día. Pocas horas después. La casa de Aldo Poy. La calle Drago del barrio de Arroyito. Apenas trescientos metros de Central. La vereda pintada con los colores del campeón. Y adentro todo es Central. Ese muñeco de trapo vestido con el número nueve de Poy. La foto de antes. La foto de ahora. El equipo de antes. El de ahora. El banderín. Todo es Central, porque ahí, en Arroyito, a tres cuadras del estadio, el destino es uno sólo para todos. Para doña Jacoba, la madre del Maestro. Para don Pedro Poy, que fue jugador de Argentino de Rosario. Tío de José, aquél que llegó a ser de Boca y que ahora está en Brasil como técnico del San Pablo... La hermana de Aldo, la sobrina de Aldo. Ei cuñado de Aldo. Todos estuvieron en la gran noche. Todos van a donde juega el equipo. Incluida doña Jacoba, porque además de Central, principalmente está el hijo... También está el Pato Colman, porque antes del mediodía hay que ir a la sede del club para una reunión. Por el premio, por la licencia, por el futuro... La mesa de la cocina. Y toda la familia. Y el Pato Colman. Y el café de doña Jacoba. Y siempre Central. ¿De qué otra cosa se puede hablar aquí...? Porque, esto de Central no es nada más que la simpatía por un club. No es el hincha común. Más que un sentimiento es una pasión. Como un virus que se hereda, que se lleva en la sangre... Como dice doña Jacoba... 'Apenas llegué aquí con mi padre, que era español, ya nos hicimos de Central'.
   Y después fue la hija. Y después Aldo. Y ahora la nieta... Y también lo son los vecinos, todos los vecinos... '¿Sabe quién llamó recién por teléfono? La señora Esperanza, que fue maestra de Aldo en la escuela primaria... Para felicitarlo...' Porque seguramente también es de Central... Y anoche, cuando todavía estaban festejando, llegó una señora desconocida para regalarle un llavero todo de oro. Y el teléfono sigue sonando. Y todas las llamadas responden a una única intención. El saludo para Aldo. La felicitación. El elogio. La cita periodística... 'La gente de Central es así -comenta Aldo-. Debe de ser la hinchada más especial del mundo... No hay término medio. O los grandes problemas cuando se anda mal. O todo esto cuando se gana... E imagínese usted ahora que salimos campeones. Y por primera vez... ¿No vio anoche lo que fue el estadio, lo que fue la ciudad? Y hay momentos en que ni se puede salir a la calle, como nos pasaba en el último Metropolitano y como nos ocurría también en el tiempo de la huelga. ¿No es así, Pato...? Usted sabe todo lo que pasé yo en el club... Y calcule que yo estoy desde el sesenta y dos... Desde aquella tercera de Bulla, MaIleo, Storti, Manfredi... Después, en el sesenta y cuatro, en aquella otra que también andaba una barbaridad, con Palma, Pignani, Raimondo, Pascuttini, Carnevali... Desde el año sesenta y cinco que estoy en primera y siempre fue igual... Más resistido que aceptado... ¡Qué sé yo por qué! Lo mismo te pasa a vos, ¿no es cierto Pato?
(…)
   La reunión en la sede. El cuarenta por ciento de la recaudación como premio. 'Estamos todos al día'... Y la licencia hasta el diez de enero por una posible gira y para pensar ya en la Copa... Pero por ahora, todo esto. Todo ESTO de ahora. De lo que ocurrió hace apenas unas horas. Que sigue en los balcones. Que sigue en la pintura de los árboles. En la cara de la gente. En el saludo. En el ademán amistoso. En la sonrisa de las muchachas. En el autógrafo de los pibes y de los grandes. En las banderas de los automóviles. En la afonía que trajo esa noche interminable. Allí está el pibe Aimar, Fanesi, el Coco Pascuttini, Menutti, el Chango Gramajo, está también el Chino Mesiano... ¿Quiere que le diga una cosa?... -me dice el Pato Colman cuando estoy por despedirme...- 'Cuando un equipo salía campeón siempre me preguntaba qué podían sentir los jugadores, cómo se encontrarían de ánimo... No los envidiaba, pero los miraba como a tipos privilegiados, ¿me entiende? Y ahora le puedo decir que casi me estoy acostumbrando... Anoche era una cosa, ya ahora es otra, ¿vio?'
   El Peugeot de Poy parte velozmente... Y me quedo reflexionando sobre la simple filosofía del Pato Colman... Ahora ya es otra cosa, ¿vio? Tal vez era mejor quedarse eternamente en ese minuto noventa, ¿no es cierto, Pato? Detener la vida en ese supremo instante de ese silbato final... Cuando se derrumbó la represa. Cuando desbordó el torrente, la avalancha. Cuando pasó el Maestro Poy en la cima de la montaña humana. Cuando el Pato Colman y el Colorado Killer forcejeaban por su casaca. Cuando el Chango se llevaba la recompensa de la pelota, pensando en su Santiago natal... Ahora, uno ya sabe que es campeón. En ese momento, en ese último momento, cuando ese último silbato, entonces sí uno lo sentía... ¡Y cómo lo sentía!... Ahora es otro estado de ánimo... Ahora ya uno sabe que es campeón... Como ocurre muchas veces con el amor. La pasión de la conquista... Después, como dice el Pato, 'uno se va acostumbrando...' O como comentó Poy aquella exigencia de un simpatizante... 'Ahora hay que pensar en la Libertadores y después en la Copa del Mundo...' ¡Por qué no se habrá detenido el tiempo en ese último minuto, ése de la gran noche!...”

Los festejos de los hinchas canallas


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