14.4.10

Espectáculos

A DOS DÉCADAS DE LA MUERTE DE GRETA GARBO
El 15 de abril de 1990 falleció Greta Garbo, una de las grandes divas del cine. Nacida en Estocolmo como Greta Lovissa Gustafsson, se trasladó a los Estados Unidos, desde donde alcanzó la fama mundial. Con la llegada del cine sonoro, a diferencia de otras estrellas, su prestigio creció con roles en grandes películas. "La Divina" se retiró de toda actividad artística en 1941 cuando apenas tenía 36 años, y mantuvo escaso contacto con el público y los medios. Fragmento de una nota de César Tiempo, publicada en el libro Capturas recomendadas.



"Greta es un personaje ibseniano. Quemó todas sus ilusiones de mujer en aras del arte. Y después quemó todas sus ilusiones de artista en aras del amor. Tuvo que esperar mucho tiempo su cuarto de hora de felicidad. La esperanza es una de esos remedios que no curan, pero ayudan a atenuar el sufrimiento. Si tuvo una pasión supo apagarla con sus propias cenizas. Una aventura fugaz con John Gilbert a la que puso punto final con dos bofetadas que hicieran época. Nunca se entendieron. Este no es el lugar para esbozar una teoría de los desencuentros. Pero conviene señalar que el amante era el que se cruzaba a su paso, no el predestinado, pues bien podía ser que quien debía amarla intensamente se encontrara en ese mamento cazando perdices o manejando un avión en el cielo de Alaska, olvidándose que existía en el mundo una mujer coma Greta capaz de amar hasta la muerte.
(...)
Greta es introvertida, lacónica, hipersensible. Padece de agorofobia. De pronto sola, en mitad de la calle, tiene la sensación de hallarse en medio de un mar inmenso y desierto, y la noche se desploma sobre ella y la llena de espantos indecibles. Se ha desmayado muchas veces en plena caminata y los maledicentes, que no faltan, atribuyen el shock a una pose de la actriz, a mero exhibicionismo, imputaciones idiotas si se tiene en cuenta que nadie lucha más que ella para pasar inadvertida, nadie como ella repudia tanto la notoriedad y el ruido.
Nació un 17 de septiembre como mi hija Blanca Isolda. Cuando se lo digo sonríe tristemente.
-Los nacidos bajo nuestro signo no son seres enteramente felices. Rechazamos por temperamento toda forma de doblez o mentiras, por lo que se nos hace difícil vivir en un mundo en el que abundan los hipócritas y los mentirosos.
-¿Usted cree en la astrología?
-Ciegamente. Si bien puedo decirle de ella lo que no es, no lo que es. Catalina de Médicis no daba un paso sin consultar a Nostradamus.
-¿Cuál es su astrólogo?
Greta, esta vez sin sus malditos cristales, nos mira directamente a los ojos y calla. Cambiamos de tema.
-¿Muchos artistas en su familia?
-Ninguno. Tuve abuelos pescadores, jardineros, tejedores. En casa oí decir que un pariente nuestro fue asistente de Descartes, que pasó sus últimos años en Estocolmo, y que en la casa de unos tíos míos que residían en Södermaln conservaban algunas cartas de aquél.
-¿Guarda algún recuerdo fuerte de su infancia?
-Tenía 9 años, estábamos en nuestra casa sin vidrios de las afueras de Estocolmo, bloqueados por un invierno abrumador, cuando mi madre leyó en una hoja de periódico en la que habían traído envuelto no sé qué, la noticia de que a Sarah Bernhardt le habían amputado una pierna. Yo no sabía quién era. Mi madre, sí. La había visto actuar en el Teatro del Sur, acompañando a unas señoritas de las que era institutriz o algo así. Me contó cómo la había impresionado y cómo recordaba su voz, única. Nos echamos a llorar desconsoladamente. Más tarde, cuando conseguí trabajo en una filmadora sueca, haciendo una 'bathing girl' en un film cómico titulado 'Luffar Peter' (Pedro el Vagabundo), el último día de rodaje, ya anochecía, cuando llegó al estudio la noticia de la muerte de Sarah. Yo tenía 17 años. Me desmayé.
-¿Mucho tiempo sin actuar después de su primera película?
-Apenas una semana. Intervine en 'La leyenda de Gosta Berling', inspirada en una saga de Selma Lagerloff. Recuerdo que la proyección duraba cuatro horas.

El resto lo conocemos. Sus actitudes ya hieráticas, ya apasionadas, llamaron la atención de Pabst el gran director vienés que la contrata para 'La calle sin alegría', en la que actúa junto a Valesca Gert, Werner Krauss y Asta Nielsen.

Luego es atrapada por Hollywood. Todos sabemos que fue la más célebre y personal de las actrices del cine mudo. 'Entre naranjos', junto a Ricardo Cortés, 'La Tentadora', 'Orquídeas salvajes', 'La carne y el diablo', 'El beso'. La espiritual sensualidad que traduce la luz de sus ojos, de su gesto maravillosamente expresivo, hace que los mejores se disputen su concurso. Jacques Feyder la dirige en 'Ana Christie', en 1928. Clarence Brown en 'Ana Karenina'; después vienen los grandes éxitos que van desde María Walewska a Ninotschka.

-¿Cómo es que no filma desde hace tanto tiempo?, nos atrevemos a preguntarle, de vuelta de una visita al Vaticano. Greta aventura una sonrisa y calla.
-¿Cansancio?
-Tal vez el cansancio no sea mío. Me cuesta ponerme de acuerdo con los directores, con los productores...
-¿Acerca de...?
-No, no es lo que usted piensa. No son razones materiales, razones de dinero las que no nos permiten entendemos. Quiero hacer cierto tipo de películas, quiero encarar cierto tipo de mujeres y los productores no coinciden conmigo.
-¿Siempre ha elegido usted sus temas?
-Casi siempre. Una de las pocas excepciones fue 'Ninotschka'. Yo no me veía en el personaje. Pero convengamos en que genios de la clarividencia de Lubistch no aparecen todos los días en el cine.
-De volver a sus viejos personajes, ¿a cuál de ellos le gustaría reencarnar?
-Ana Christie.
-¿Conoció a su autor?
-Sí. Era un hombre profundamente triste. Jamás he salido tan desolada de una entrevista. O'NeilI no era un hombre, era un alma en pena.
-¿Ha vuelto a ver algunas de sus películas?
-No. Hace años, en París, en la casa de un banquero, Pereire, amigo de George (George es George SchIee, su amigo y protector, fallecido hace poco), proyectaron 'Los cuatro jinetes del Apocalipsis'. Salí aterrada. Aterrada y avergonzada.

Llegamos al Continental. Greta se dirige al bar del hotel y me invita a compartir una cerveza. Bebe y se ausenta. Tiene una tremenda capacidad de abstracción, como esos seres que formados en la soledad, no aman más que la soledad y el monólogo íntimo 'Quien habla a solas espera hablar a Dios un día', dijo Machado. La soledad de Greta es un camino cotidiano hacia la pureza y la muerte. No parece ser otro el destino de la gran amorosa, de la enamorada sin amor cuyo amor clama en el desierto.
Está más sola que nunca."

Documental sobre su vida:





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