11.10.13

Política nacional

HACE 40 AÑOS PERÓN VOLVÍA A SER PRESIDENTE
El 12 de octubre de 1973 Juan Domingo Perón asumía nuevamente la presidencia de la Nación. Derrocado por un golpe en 1955, debió exiliarse y recién pudo volver en 1972. Al año siguiente se produjo su regreso definitivo y pudo competir en las elecciones que lo vieron ampliamente triunfador el 23 septiembre. Pocos días más tarde iniciaba su postrer mandato. Fragmentos de Tercera presidencia: el centrismo al poder, nota de la revista Panorama, nº 334 del 11 de octubre de 1973.


“Mañana la historia relatará que el viernes 12 de octubre de 1973 Juan Perón asumió por tercera vez la presidencia en la Argentina. Las crónicas, minuciosas, registrarán detalles cuya importancia será gastada por el paso de los años. Recordarán, por ejemplo, que el líder justicialista prefirió vestir la chaquetilla blanca de su uniforme, quizá por esquivar las molestias del alto cuello prusiano de las galas militares azules; relatarán que hasta último momento hubo dudas sobre si la ferviente muchedumbre de argentinos que enmarcó casi siempre los acontecimientos peronistas tendría acceso o no al recinto rectangular de la Plaza de Mayo. No faltarán, por último, quienes narren que después de seis días de lluvia la primavera empezaba, y que el lunes 8, en la soleada zona residencial de Martínez, la fórmula presidencial electa el domingo 23 de septiembre —aniversario de la fecha en que el teniente general Eduardo Lonardi, dieciocho años antes, asumía el gobierno de la revolución de septiembre de 1955— festejó, en la intimidad matrimonial, el cumpleaños del caudillo.
Con curiosidad hubo quienes evocaron la historia de una fecha: trajeron a la memoria, que el 12 de octubre de 1916 Hipólito Yrigoyen asumió, por primera vez, la presidencia. Que el mismo día de 1922 el segundo presidente radical, Marcelo Torcuato de Alvear, protagonizaba una ceremonia idéntica. Que otro 12 de octubre, el de 1928, volvió a jurar Yrigoyen para un nuevo período. Y, por fin, que en la misma fecha de 1963, hace diez años, un médico radical, Arturo Illia, llegó a pie a la Casa Rosada para prestar el mismo juramento.
(...)
Pero es la primera vez que el 12 de octubre tiene fuerte significado político para el justicialismo. Perón asumió su primera presidencia el 4 de junio de 1946, y la segunda el mismo día de 1952. Por entonces, esa fecha tenía, sin duda, otro valor: el 4 de junio de 1943 marcó la caída del régimen conservador del presidente Ramón Castillo, el fin de una etapa de manifiesto fraude electoral, y una nueva intervención política de las mismas Fuerzas Armadas que habían asestado, casi trece años antes, un durísimo golpe al orden constitucional de la Argentina, después de decenios de prescindencia.


PERÓN Y LA HISTORIA. Ningún argentino fue jamás electo tres veces como presidente de la República; de los que lo fueron por segunda vez, sólo Julio Roca completó su período, Una historia distinta es la de Juan Manuel de Rosas que, a pesar de no ser mandatario nacional —siempre postergó el dictado de la Constitución que podría haberle valido ese poder— manejó los negocios exteriores de la Confederación Argentina durante varios lustros sucesivos.
Hoy, a los 78 años de edad, el militar que accedió definitivamente a la vida política del país durante el conmocionado invierno de 1943, después de una carrera castrense tupida por los estudios, los deportes, la cátedra y la observación diplomática; después de ser secretario de Estado, ministro y vicepresidente por vía revolucionaria; después de gobernar por mandato electoral a la Argentina durante nueve años y tres meses, y después de un exilio político involuntario de diecisiete años, tres meses y quince días, vuelve a regir los destinos del país.
(…)


PERÓN Y EL PRESENTE. La 'guerra civil embozada' que Perón mencionó el 21 de junio había terminado con la derrota del adversario. Los proyectos republicanos o autoritarios que forjó el antiperonismo a lo largo de 18 años, exhaustos de alimentarse a sí mismos, se derrumbaban; pero no antes de haber ofrecido extenuantes batallas al peronismo, que tuvo que depurarse, transigir y crear nuevos ingenios y psicologías de guerra para triunfar en el combate. Una nueva realidad había surgido: el justicialismo ya no era la arrolladora fuerza social del 46; se había convertido en una poderosa masa politizada que buscaba con denuedo, y en ocasiones con dirección ideológica, la conquista, del poder. Todas las aspiraciones contenidas por el gobierno militar de 1955-1958, las proscripciones electorales de 1958-1963, y la culminación del breve intento participacionista radical de 1963-1966 en el experimento militar de Juan Carlos Onganía, que por una causa o por otra usó con tremenda lentitud el cuentagotas de la participación, le opusieron defensas pero también le señalaron el camino. Cuando el objetivo quedó fijado, las diferencias sobre el uso que se haría de él, y sobre los fines últimos que se perseguirían, estuvo de pronto a la vista.
Perón actuó con decisión para enfrentar la realidad. Y también, no cabe duda, para alcanzar el punto más alto de su prestigio histórico. Tomó personalmente las riendas del poder, avivó el diálogo con el radicalismo, mantuvo una distancia risueña o despectiva hacia las pretensiones opositoras de la Alianza Popular Federalista, y obtuvo un 'consenso' (electoral, y por lo tanto expreso) como pocas veces había visto la Argentina. Tampoco descuidó la relación con las Fuerzas Armadas. Después de una serie de conversaciones, iniciadas el 10 de julio con las entrevistas con los comandantes en jefe del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, el líder concentró un poder presidencial que los gobiernos anteriores, por debilidad o por sistema, habían dividido; el gobierno provisional de Raúl Lastiri indicó, al designar a los más altos mandos castrenses con la categoría de 'comandantes generales', que el mando supremo de las fuerzas militares corresponde al presidente de la Nación.
Al mismo tiempo, Perón completó un enorme círculo: en la reunión de gobernadores del lunes 2 de septiembre descartó, con cierta precisión, las tendencias marxistas en su movimiento. Como un enorme lápiz, el conjunto de operaciones políticas de Perón, avalado por la tinta indeleble del resultado electoral, rescató todo el espectro centrista de la política argentina para sí. Como el segundo conjunto de un diagrama de Behn, con una zona común con el justicialismo significada por las coincidencias políticas y económicas, la fuerza opositora, el radicalismo, resguardó su independencia dentro de un sistema que no es ni más ni menos que una democracia en esbozo.
La posición es, entonces, de equilibrio.
Como un doble nudo marinero, con sus cabos en manos de la izquierda y la derecha, la cuerda de la política retiene el destino de la Argentina. Para mantenerlo sujeto, ninguna fuerza debe tirar bruscamente de los extremos, porque el brusco corrimiento de los nudos podría estrangular el contenido. El péndulo de Perón ha dejado de oscilar, para transformarse en algo que ya se ha dicho; en las riendas del poder que, como en las clásicas reglas del arte de conducir carruajes, deben mantenerse siempre paralelas para virar, aunque se afloje una o se tire la otra. La circunstancia internacional marcará las características del terreno, y la voluntad nacional deberá demostrar su aptitud para hallar un camino venturoso. Perón intentará, seguramente, avizorarlo.”


Asunción de Juan Perón en 1973

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