28.4.14

Violencia en el fútbol

A 20 AÑOS DEL DOBLE CRIMEN DE LA BOMBONERA
José Barritta, ex líder de La 12
Hace veinte años, el sábado 30 de abril de 1994, luego de un partido entre Boca Jrs y River Plate, un grupo de la barra brava local atacó a hinchas visitantes. El saldo de la emboscada fue de dos jóvenes asesinados y otros siete heridos a balazos. La investigación encontró culpable al líder de los violentos, José Barritta, y a otros de los miembros de La 12. El ataque, en fragmentos de Otro crimen de la barra brava, nota de la revista El Gráfico, nº 3891 del 3 de mayo de 1994.



“Moro es hincha de Boca, bien de Boca, desde siempre.
A los 20 años divide su tiempo entre la Facultad de Derecho, donde estudia abogacía, el deporte y su amor al fútbol. Siempre va a la cancha, toda la vida hasta este 30 de abril en que la sangre salpicó sus ropas y el horror le nubló la vista. Siempre hasta este sábado en que, por primera vez, la muerte pasó a su lado.
(…)
Cerca de las seis de la tarde vieron pasar un camión Fiat blanco, con un acoplado tipo trailer equipado para el traslado de automóviles. Arriba iban unos pocos hinchas de River. Moro se miró con sus amigos. No tenían camisetas de Boca, ni nada que los identificara. Tal vez su error haya sido no meditarlo demasiado. Fue un segundo. 'Vamos', dijeron los tres al mismo tiempo. Corrieron hacia el camión y se subieron a la parte superior. En unos pocos minutos cientos de hinchas hicieron lo mismo. Todos eran claramente de los Millonarios. Se fueron apretando, comenzaron a cantar, a insultar a Boca. Moro miró a sus amigos y sonrió disimuladamente por sentirse un infiltrado.
Eran casi las seis y diez de la tarde. La muerte comenzaba a rodearlos.


En un segundo Moro vio a un hombre que lanzaba una piedra impía desde la derecha, por donde pasan las vías muertas del tren. Su reacción fue inmediata. Les gritó a sus compañeros que se tiraran al piso y los tres lo hicieron. En ese instante comenzó a escuchar los disparos. 'No sé cuántos, ocho, diez, no sé. Estaba tirado, tenía un montón de tipos encima. Miré hacia un costado y vi a un chico con una remera negra y mucha sangre en el pecho. Estoy casi seguro que es uno de los muertos. Pero no quise mirar más. Desesperados golpeamos la cabina para que el chofer acelerara. Cuando lo hizo, nos alejamos un poco y me asomé para mirar hacia ia calle. Vi a otro herido en una pierna. Muchos se tiraban del camión. Yo quise hacer lo mismo pero mis amigos no me dejaron. Tuve suerte, ellos me salvaron. Cuando nos alejamos un par de cuadras salté, miré hacia atrás y venía corriendo otro pibe que desesperadamente me gritaba que tenía un balazo en una pierna. Empecé a correr, sin pensar, sólo quería correr, salvarme...'
Ocho, diez disparos, el miedo, la desesperación por salvarse. Moro es un chico, como su hijo, como cualquier hijo. Apenas 20 años, la vida allá adelante. Corrió para salvarse. ¿De quién, por Dios? ¿Quiénes son los que disparan contra un enemigo incierto e inocente? ¿Quiénes son estas bestias asesinas? ¿Por qué buscaron y tiraron contra ese grupo? Por Dios, quiénes...
Las horas pasan, algunos interrogantes se van despejando. Una primera teoría indica que toda esta locura, que este crimen brutal, fue ejecutado por algunos miembros de la barra brava de Boca. Faltaban diez minutos para el final del clásico y un grupo armado de la hinchada de Boca abandonó la cancha para preparar el ataque. José Barritta -confeso jefe de la barra, un nefasto personaje a quien toda la sociedad observa atónita sin explicarse cómo sigue libre y consigue zafar de las tropelías- y algunos de los integrantes más notorios se quedaron sobre los paravalanchas para distraer a la policía y mostrar que ellos no tenían participación en los hechos. El resto, un grupo de 150 hombres, se dirigió hasta la zona de la Casa Amarilla. Desde ese lugar, y siguiendo al helicóptero de la policía -sabían que acompañaría el recorrido de la barra brava de River- corrieron hasta la esquina de Brasil y avenida Ingeniero Huergo. Allí los interceptaron y comenzaron con la agresión, a piedrazos y balazos. A mansalva, sin medir quiénes y cuántas eran las víctimas. Actuaron como lo que son, bestias, asesinos, dementes...
En el camión atacado viajaban hinchas de River, que no pertenecían a su barra brava. En este punto hay coincidencia de varios testigos. Eran simples hinchas -como Moro- que subieron al trailer con la ilusión de un viaje gratis y que los alejara del peligro. ¡Qué ironía...!


Unas pocas cuadras más allá la muerte cayó sobre ellos. Walter Darío Vallejos, un chico de 19 años, quien vivía junto a su familia en la calle Tarija de Temperley, falleció atropellado por una camioneta cuando desesperado saltó del camión hacia la calle. Otro joven, Ángel Delgado, murió al recibir tres balazos, uno en un glúteo, otro en la mano y un tercero en el estómago. Otras siete personas resultaron heridas: Carlos Lucero, de 18 años, con un balazo en el antebrazo izquierdo; Diego Buenaño, 21 años, una herida de bala en el abdomen; Walter Cantero, 27 años, balazo en el tórax; Rodolfo Schitman, 28, balazo en la pierna izquierda; Alejandro Navarrete, 21 años, herida de bala en el brazo derecho; Martín Leyvarg, 23 años, balazo en el brazo derecho, y Luciano Pérez, 19 años, balazo en el tórax. ¡Siete heridos de bala después de un partido de fútbol! Todos menores de 30 años. ¿Qué clase de locura es la que invade a estas bestias? ¿Qué tipo de inutilidad es la que nos impide a todos detenerlos, castigarlos, impedirlos de una vez por todas?
(…)
Cualquiera sea el grupo, son asesinos, marginales que sólo piensan en la muerte. ¿Importa que quizás esta vez no hayan estado 'los famosos' de la barra brava? Lo fue ayer, podrá serlo tal vez mañana. Son la misma lacra, merecen la misma condena. El juez César Quiroga, del Juzgado 31, Secretaría del doctor Altieri, y el comisario Jorge Echeverry, de la Comisaría 22a. Lo tienen en sus manos.
(…)
Señor presidente de la República, doctor Carlos Saúl Menem. Señor ministro del Interior, doctor Carlos Ruckauf. Señor jefe de la Policía, comisario general Jorge Passero. Por favor, hagan algo. Por Dios, hagan algo...
Esto así no puede seguir.


El sábado, un hombre de EL GRÁFICO llegó acompañado de un fotógrafo hasta el lugar donde se encontraban los cuerpos de las dos personas fallecidas. De noche. Allí, por primera vez sintió de cerca el frío de la muerte. La muerte real no es como en la televisión. Es mucho más dura, tremenda, perturbadora. Dos chicos que hasta hace unos minutos saltaban, reían, vivían, estaban allí, tirados sobre el asfalto, sin vida. Alguna madre se quedaba sin hijo, algún padre se quedaba sin razón para vivir. La muerte es mucho más cruel de lo que se pueda escribir. Tal vez por eso, el hombre de EL GRÁFICO sintió una gran impotencia. Porque de tanto verlo aceptamos como algo cotidiano que un chico muera asesinado sin horrorizarnos de verdad, profundamente. No podemos permitirnos eso, Dios sabe que no podemos hacerlo.”


Podés encontrar más información sobre José Barritta, las barras bravas y la violencia en el fútbol, buscando en la base de datos del Archivo Tea y Deportea “Roberto Santoro” en http://www.teaydeportea.edu.ar/archivo/


Crimen de los hinchas Delgado y Vallejos tras el partido Boca-River del 30/4/1994


Nota relacionada:
5/6/1990. Violencia en el fútbol. Barras bravas y el Mundial, otra vez sopa