20.9.13

Política Nacional

HACE 40 AÑOS PERÓN ERA ELEGIDO PRESIDENTE POR TERCERA VEZ
El 23 de septiembre de 1973 Juan Perón fue nuevamente elegido presidente de la Nación. Acompañado por su esposa María Estela Martínez como vicepresidenta, la fórmula Perón-Perón derrotó ampliamente al binomio radical Ricardo Balbín- Fernando de la Rúa. Se iniciaba así un nuevo gobierno justicialista que debió enfrentar graves problemas. El análisis de la victoria, en Los desafíos permanentes, nota de Jorge Lozano en la revista Panorama nº332 del 27 de septiembre de 1973.


“El domingo 23 de septiembre, en una decisión popular con rasgos de plebiscito, Juan Perón reconquistó el poder en la Argentina. Para el presidente electo, la restauración pacífica equivale al más alto dividendo que logró capitalizar un caudillo político de América latina; para el país, esa restauración contiene la esencia de un genuino desafío. No puede dudar que Perón está convencido de los riesgos que encierra su reivindicación; en la misma noche del domingo 23, cuando ya conocía los resultados preliminares del escrutinio, afirmó que los problemas argentinos eran básicamente políticos y no económicos, definición clásica, quizá simple, pero ajustada a la realidad.
Es que un político veterano y sagaz como Perón sabe que en los 7.381.249 votos que obtuvo la concordancia justicialista hay matices políticos heterogéneos y definiciones ideológicas que se difunden, ocultas o en la superficie, en el amplio contexto que incluye a la derecha, al centrismo moderado y a la izquierda marxista tradicional. Dentro de ese esquema de la realidad peronista, no es difícil advertir que miles de jóvenes con inclinaciones izquierdistas votaron al caudillo porque creen ver en él al partero de la liberación social; y también es, evidente que otros tantos miles de hombres y mujeres de posición moderada eligieron a Perón porque adivinan que el mandatario popular pondrá orden en la Argentina. Es cierto que aproximadamente unos 4 millones de votos peronistas pertenecen a la masa que no vacila en apoyar al caudillo sea cual fuere la orientación del movimiento justicialista, pero no es menos cierto que esa gente permanece ajena a las movilizaciones callejeras, a la organización gremial y política y, en definitiva, a la lucha para conservar el poder. Cuando vota, la 'mayoría silenciosa' aplasta a sus adversarios y enemigos; pero como no se puede votar cada seis meses, los efectos de la avalancha de boletas se evaporan en tanto el proceso político pasa a ser manejado por los activistas de los extremos. Tal vez por eso, Perón reitera que el concepto de la ecuación derecha-izquierda ya no tiene vigencia política en el mundo; y lo repite, no sólo para situar a su movimiento en el cauce centrista, sino para controlar la dinámica de las fuerzas antagónicas que integran el peronismo. A menos de 36 horas de la contundente victoria electoral, el justicialismo recibió un golpe durísimo de parte de un comando armado; el asesinato de José Rucci marca, dentro del penoso camino hacia la normalidad institucional, la renovación de la violencia. El crimen demuestra, además, que por encima y por debajo de la profunda corriente justicialista viven y prosperan las tendencias opuestas a la unidad nacional. Episodios como el de la muerte trágica de Rucci entrañan, por fin, un grave riesgo: que los gobernantes —sometidos al conflicto de las decisiones, muchas de ellas urdidas en los extremos— se vuelquen con el peso de las mayorías a un proceso que desemboque en la tiranía. En e! equilibrio de Perón puede encontrarse el reaseguro; de lo contrario, los argentinos vivirán días difíciles.”


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