1.6.11

Espectáculos

A 10 AÑOS DE LA MUERTE DE ANTHONY QUINN
El 3 de junio de 2001 falleció Anthony Quinn, uno de los actores de origen hispanoamericano más importante del cine de Hollywood. Practicó muchos oficios antes de su debut en el cine en 1936 y actuó en decenas de películas hasta 1995. Lo recordamos con extractos de “Haciendo teatro se conoce a la gente”, entrevista de Ricardo García Oliveri en el diario Clarín del 26 de mayo de 1992.





   “'La cuestión es qué otro actor podría interpretarme en mis años juveniles'. Tal vez lo necesite en algún tiempo más pero, por ahora, ni él mismo lo sabe.
   A los 77 años (nació en Chihuahua, México, en abril de 1915) Anthony Quinn impone un respeto del que nadie puede evadirse. Queda dicho: ni él mismo.
   Más allá de la presencia, que es muy fuerte, razones no faltan. Dueño de una filmografía impresionante -alrededor de trescientas películas- ha intervenido en títulos memorables y ha filmado de todo con casi todos. Por si ello fuera poco, actualmente tiene un considerable prestigio como artista plástico.
   A este periodista le han tocado un par de reportajes previos con el famoso actor, y nunca lo ha notado tan inquieto como en esta ocasión. Puede ser la edad pero sobre todo, es de sospechar, la presión de su segundo día en Buenos Aires. Los argentinos y los cronistas solemos ser algo agobiantes, y Quinn sabe que durante ese domingo en que el frío no lo deja salir del hotel no podrá hacer mucho más que responder a saludos y requisitorias.
   Se somete a la primera luego de reclamar un asiento duro en lugar del mullido sillón que le habían destinado.
   -Usted trabajó con una lista larguísima de realizadores. ¿A cuáles mencionaría en primer lugar?
   -El más grande es, sin duda, David Lean, que me dirigió en Lawrence de Arabia. Después, Federico Fellini (La Strada). Después, Stanley Kramer, con quien hice El secreto de Santa Victoria, junto a una de las mejores actrices que he conocido, Anna Magnani. Después, Vincent Minelli (Sed de vivir). Después Elia Kazán (¡Viva Zapata!)... Puede ser que esté cometiendo alguna injusticia pero, en líneas generales, ellos son mis preferidos.
   -Se está olvidando de Zorba el griego...
   -¡Ah, bueno! Es que en ese caso lo remarcable eran el personaje, la novela de Kazantzakis, la música de Theodorakis, el resto del elenco... Pero con todo, Michael Cacoyannis no se cuenta entre mis directores favoritos. Incluso, si usted se fija, notará que Zorba es una película extraña al resto de su obra.
   -Es cierto. Aunque sucede que en ella usted estaba extraordinario, convertido en un verdadero griego...
   -También lo fui en El magnate griego. Y francés cuando hice de Gaugin en Sed de vivir. Y árabe en Lawrence de Arabia... De otro modo, habría sido mejor dedicarme a otra cosa, ¿no le parece?
   -Es una respuesta tan buena que obliga a solicitarle otra explicación. Hay intérpretes respetables, aun excelsos, que no tienen esa facilidad, expresemoslo así, para transmigrar de un rol a otro.
   -Podría decirle, porque es cierto, que ello obedece a que, cuando sé que voy a interpretar un personaje, mi ansiedad me lleva a estudiarlo todo sobre él. Cuando fui Papa en Las sandalias del pescador me convertí casi en una autoridad sobre la Biblia católica, bastante diferente de la evangelista con la que me educaron. Pero creo que se debe a que, en mi juventud, nunca eché raíces. Nacido en tierra mexicana, de padre irlandés y madre con sangre indígena, me formé sin identificarme con ninguna nacionalidad. Creo que logré, con mis filmes, ser ciudadano del mundo. En poco tiempo más, me tocará convertirme en ruso...
(…)
   Al requerírsele por el espectáculo que ofrecerá hoy y mañana se pone como cuando casi se lo come al bueno de Alan Bates, que suponía que Zorba bailaba para lucirse ante los demás.
   -¿De dónde sacó que yo vengo a dar 'un espectáculo'? Para eso necesitaría músicos y bailarines. Lo que quiero es conocer a su gente. Pero supongo que, entre todos, nos vamos a divertir.
   -¿Qué amigos hizo en el set?
   -Filmando, todos somos amigos, pero después cada uno sigue su camino. Por lo menos en Hollywood, donde hay tanta competencia. Amigos de verdad fueron Gary Cooper, John Wayne, Ricardo Montalbán, Fernando Lamas. Todavía lo es Kirk Douglas. Hice más en Italia, allí es más fácil: Totò, De Sica, Fellini, Tognazzi...
   -Y entre las actrices, ¿Giulietta Massina?
   -La Strada es un gran recuerdo que compartimos, no se puede negar. Pero ella dice que en mí, después de tantos años, solo sigue viendo a Zampanò, un ¡zíngaro bestial! Y yo, como revancha, prefiero a la Massina, a Irene Papas, a Ingrid Bergman, a Maureen O'Hara, a Rita Hayworth, a Silvana Mangano, a Sofía Loren... ¿Continúo?
   -No, por favor. Se agradece la síntesis, en honor a la cual, es de suponer, entre los grandes que lo dirigieron omitió usted a Raoul Walsh, a Rouben Mamoulian, a Edward Dmytryk, a Budd Boetticher, a William Wellman... ¿Y a Spike Lee?
   -Con éste último hice un breve y hermoso papel en Fiebre de amor y locura, un filme talentoso y sensible. Lo acepté pues quería conocer desde dentro cómo trabajan los nuevos. Ahora puedo decir que, si son todos como Spike Lee, el futuro del cine está asegurado.”


Anthony Quinn interpreta I love you, you love me


Zampanò abandona a Gelsomina en La Strada


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